26 enero, 2006

Pt 3.

Miró el reloj. “¡Vaya! Con el incidente de la titi esa, se me ha ido el santo al cielo”. Les había regalado cinco minutos de su tiempo, así que decidió darse prisa.
Levantó la vista hacia el siguiente en la cola, un joven, mientras le daba las vueltas a la última ama de casa del día, y, le pidió por favor al chaval, que cerrase la barrera tras de sí.
-Gracias. ¡Fin de turno, compañero! –dejó escapar Julián con una mueca de sentida felicidad.

Como siempre, se percató de la decepción e impaciencia en el rostro de las personas que le sucedían, qué se le iba a hacer, él también tenía que terminar la jornada, -y no es por implicarme, que conste. Julián e inquieta-.
Observó al mozo con disimulo, se leía la palabra victoria en su frente; todos los “últimos clientes” tenían ahí su momento de gloria, el gol en último minuto por penalti injusto. Había sido El Elegido por el cajero. Eso siempre les gratificaba. Mientras tanto el resto de desgraciados que tenían que cambiar de fila, se iban dispersando aleatoriamente como las gramíneas.

-Así da gusto chaval, veo que sabes cuidarte –“joder! Una de Brugal a estas horas… qué sed. Y tropecientos litros de vino, flipo. Bendita época en la que vives, tronco”
-Ya ves, tío. Nos dan hoy las vacaciones en el tuto y habrá que celebrarlo.
-Claro, claro –"qué cabrón, la van a liar parda"- Son 20, 50…. En efectivo, ¿no?
-Sí, toma, te tengo que dar 30.
-No te preocupes, no pasa . Échate unos litros por mí que estaré recuperando mi integridad corporal en casa. Ahí tienes.
-Gracias colega, ya nos veremos.
-De nada chaval, ¡a desparramar como mandan los cánones!

Se quedó observándole mientras salía por la puerta con sus harapientas ropas. “Fijo que el cabrón lleva la mochila petada de doritos y similares, como todos los botelloneros, y se le ha “olvidado” pasarlos por caja. Jajajaja. Pero bueno, se lo perdono, todo sea por la juventud… y mi juventud perdida. ¿Pero qué coño estoy diciendo? ¿Perdida? ¡Si aún estoy ahí! Estoy hecho un chaval, un lechón de los que ya no quedan”.

Terminó de hacer su caja, de manera inconsciente, como todos los días., se dirigió al zulo de los empleados para recoger sus cosas y salió por la puerta trasera, mismo sitio por donde se ventilan a los borrachos en los bares. Para suerte suya, no se cruzó con ningún otro empleado por el camino, ni siquiera con Marquitos, el cual seguro que le reservaba otra reprimenda a la que ya estaba más que acostumbrado. -Maldita bruja con mechas- farfulló.

Salió de ahí con toda la celeridad posible dentro de sus lisiados márgenes de acción, antes de que el trébol de 4 hojas dejara de acompañarle.
El solazo ese no era normal. Oro maldito día en el que no sabía qué hacer con el abrigo. Por la mañana, más que necesario era imprescindible, mientras que al medio día era un auténtico estorbo llevarlo en el brazo, y una auténtica tortura llevarlo puesto. En esos momentos se le aparecía la imagen de su madre diciéndole aquello de “vas a coger el sarampión”. Nunca había investigado respecto a eso a fondo, pero siempre le había sonado a cuento chino, como el hombre del saco y esas cosas. El sarampión tenía entendido que se trataba de una enfermedad vírica, y, hasta donde llegaba su entendimiento, la ropa no era un ser vivo por lo que no podía generar malignos virus. Sólo era una teoría.
Caminaba tediosamente por la acera, esquivando a apurados transeúntes, su velocidad no era posible de alcanzar debido a su cojera.
“¡Maldita sea mi estampa! No podía romperme el tobillo, o un dedo de la mano, nooo.. tenía que ser del pie, para volverme loco con el calzado y confiar en que se me cure solo, total, puedo caminar. Me lo tengo merecido, por imbécil”.

¿Qué clase de persona confunde una batería de coche con un zigurat, y después con una caja de cartón?. Pues un arrastrado que ve zigurats donde no los hay, los traslada de sitio, los olvida, y pasadas un par de horas decide descargar adrenalina eufórica sobre ella.“En buena hora me dio por privar. Pero eso sí, fue un descojone de noche.”- se dijo esbozando una melancólica sonrisa.
Para entonces mientras se desgranaba la memoria, había caminado más de lo que era consciente y se encontraba frente a las escaleras del metro. Aún le quedaba medio cigarro. Le dio una gran calada y se lo quedó mirando dubitativamente. He Ahí el gran Dilema.
¿Quedarse fuera hasta terminarlo? Suponía la imagen mental de “maldito yonqui, tíralo ya que solo es medio piti, no te va a sacar de pobre”.
¿O descapullarlo contra el muro y encenderlo a la salida?, teniendo en cuenta que el sabor resultante no es nada agradable, pero bueno, el de la absenta tampoco lo es. No vale justificarse. Era otra imagen exactamente igual de yonqui que la anterior.
Optó por la segunda opción, tenía prisa por llegar a casa y recuperar su medio sueño reparador del día. Era de horario partido.
Bajó las escaleras tanteándose el cuerpo, no en un ataque de sobeteo corporal autocomplaciente, sino buscando la cajetilla para guardar convenientemente el piti, o colilla, como quieran llamarlo (vaso medio lleno, vaso medio vacío).Pero parecía haberse evaporado, como siempre que se la necesitaba. Habría que confiar en que la anarquía del bolsillo del pantalón no terminara destruyéndolo y desperdigando el tabaco al sentarse.
Porque estaba decidido a sentarse, estaba en su derecho de ocupar los asientos reservados para los que nunca había dado el perfil. Ni anciano, ni embarazada, ni lisiado. Y podía dar fe de que en más de una ocasión había necesitado el asiento más que ellos. Pero hoy llegaba la revancha, un horizonte por conquistar.


......

2 comentarios:

Hombre_Ratón dijo...

Hola Phobos!
A ver como sigue la historia del cajero Julian... aunque podría ser mi historia, la tuya, o la del vecino del segundo que es lo que más me gusta de estos relatos.

He descubierto que eres una fan del viejo Buk, a mi también me gusta mucho. A ver si podemos ponernos en contacto.

Saludos!

Phobos dijo...

Hombre... muchas gracias.

Para cualquier cosa: galapaghetto@gmail.com

Un saludiño!! y graccie, a ver si seguimos con el colega Julián... o el que sea.