
Ohh nonono, no voy a hablar sobre la dichosa línea de autobús ni de metro con sus coincidencias, sus retrasos, sus calzados y sus caras. O bueno, en parte sí, todo tan distinto pero a la vez ya te lo sabes. El otro día en la tele viendo un programa de esos que tratan de psicología, hablaban sobre unas partes del cerebro que nos permiten esquivar la piedra la segunda vez que pasamos junto a ella, creo que, cuanto más consciente seas de que vas en un circular con única parada en cocheras (después de X vueltas), mayor espacio de tu cerebro abarcan esas neuronas prodigiosas. Esto ya lo he vivido... y no al estilo deyavù (si está mal escrito, discúlpenme) sino conociendo el final de la historia, la resolución del capítulo.
De nuevo, tratar de verme como antes, de nuevo, una cuenta atrás en el crono, ponerte a buscar tapones efectivos para los oídos. Aunque, el problema es el ruido que viene de dentro, a veces hay que callarlo haciendo ruido desde fuera. De mí a mí.
Cuando el ruido viene desde fuera trato de destaponarme para atender bien a los acontecimientos, no consigo entender a la gente que no lo hace. ¿Buscar la razón pura? eso no existe, hombre. Sin mirar al rededor nunca se ve nada, por propia inercia no se aprende absolutamente nada. Y lo mismo con el oído, para algo está, a parte de deleitarnos con la música, y algunos sonidos entrañables, también sirve para aprender, un poco de razón práctica, por favor, hay que relacionarse con el medio y no ver siempre desde el propio punto de mira. No paro de ver sordos... otro ciego, otro sordo.... otro ciego, otro sordo.... hay que desplegar las orejas, como decían los de Gomaespuma en la sintonía inicial. Y luego, cuando ves, resulta que no es tan apetecible, ¡pasa siempre!, es otra vez lo mismo, no sé de qué se asombra la gente. Es tener un contrato, saber sus cláusulas, pero, hasta que no entran en vigor, no eres consciente de que existen, y siempre se descubren (por casualidad), y en el peor momento. Ohhhh, ¡otra vez las aceras!, otra vez las farolas y las sombras en los muros, hasta que reconoces una de ellas (por casualidad), esto ya tenía nombre: cruz de navajas, cantaba La Torroja. Y seguir de frente, pasar de foto, ¡otra vez las aceras!, otra vez las farolas y las sombras en los muros, reconocer miradas entre vidrios y niebla. Rojo y grisssss. Otra vezzz. format c: ya!
Otra cuenta atrás es, por otra parte, reconfortortante, revitaliza el espíritu tener una meta. Aunque siempre está la mítica espera desesperante que te incita a hibernar como buen animal que somos, y a la que, por suerte, estamos acostumbrados, y si no los estamos, deberíamos estarlo. La espera a la llamada de un trabajo, la espera a la salida de una calificación, la espera a una llamada pendiente, la espera a un viaje, la espera a unas vacaciones, la espera a una visita. A partir del momento en que se plasma en rojo en el calendario, la vida se rige por ese día, no se sabe qué día es hoy, pero sí cuántos días faltan para la llegada del evento. Es peligroso, a veces hay que tirar de tippex y olvidarte del tema (suele pasar cuando no depende de tí), y otras veces piensas a posteriori que nunca debería haber llegado ese día. Lo mejor es no hacerse confabulaciones para que no surjan desbarajustes varios y se nos destiña el calendario. Por suerte tienen fecha de caducidad que nos marcamos cada uno, en mi opinión lo mejor es dejar poco margen y despreocuparte del tema, olvidar, si hace falta con ayuda de la botella, tampoco quiero incitar a nadie al alcoholismo, que conste. Si resulta que ocurre después, es decisión tuya si lo aceptas o respondes con una sonrisa fingida propia de funcionaria: las entregas fuera de plazo no las permitimos, ¡lo siento!. Es lo bueno del circular, que como pasa por los mimsmos sitios, ya te sabes los trucos para muchas paradas.
Y sin más dilación me despido, que es hora... así duermo y las manecillas siguen girando sin que a mí me conste.